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Estudiantes de Salud Pública proponen un nuevo enfoque para la Salud Menstrual en Chile: “La experiencia trasciende lo biológico”

Las profesionales del área de salud, Juana Pacheco y Esperanza Paimilla, han obtenido el grado de Magíster en Salud Pública tras presentar y aprobar su defensa de tesis titulada "Un estudio fenomenológico en la Región Metropolitana, Chile (2026)". El estudio profundiza en cómo las mujeres significan y gestionan su menstruación, posicionando este fenómeno no sólo como un hecho fisiológico, sino como un eje crítico de justicia social y salud pública.

Las profesionales del área de salud, Juana Pacheco y Esperanza Paimilla, han obtenido el grado de Magíster en Salud Pública tras presentar y aprobar su defensa de tesis titulada "Un estudio fenomenológico en la Región Metropolitana, Chile (2026)". El estudio profundiza en cómo las mujeres significan y gestionan su menstruación, posicionando este fenómeno no sólo como un hecho fisiológico, sino como un eje crítico de justicia social y salud pública.

A través de un enfoque fenomenológico basado en los principios de Merleau-Ponty, filósofo francés de la primera mitad del siglo XX, las autoras exploraron las experiencias de ocho mujeres residentes de siete comunas de la Región Metropolitana. La investigación destaca que la menstruación es una experiencia multidimensional, donde convergen la conciencia corporal, la gestión del dolor y los significados construidos en la interacción social.

Esta gestión se manifiesta a través de la distinción entre el cuerpo habitual y el cuerpo actual. El cuerpo habitual integra los gestos y conocimientos técnicos —como el uso de productos menstruales o la administración de analgésicos— que se vuelven "hábitos" y permiten "dilatar nuestro ser-del-mundo" al anexar estos instrumentos a la existencia cotidiana. Sin embargo, cuando aparece el dolor severo, esta armonía se rompe: el dolor "abruma" al sujeto, y el cuerpo puede llegar a percibirse con una "existencia autónoma" ajena a la voluntad de la mujer, lo que obliga a una reevaluación constante de su relación con el propio organismo.

Durante su defensa, Pacheco y Palmilla enfatizaron que la relación con el propio cuerpo comienza muchas veces desde la desinformación. Al respecto, Esperanza Paimilla señaló que: "nuestros resultados muestran que la menarquia emerge como un hito significativo, vivido generalmente en un contexto de escasa información, lo que configura una vivencia inicial marcada por el temor y la vergüenza".

El estudio también abordó el impacto de los métodos anticonceptivos y la normalización del dolor menstrual. Juana Pacheco explicó que: "la salud menstrual exige un abordaje desde la salud pública que reconozca la experiencia vivida y la intercorporeidad como pilares del bienestar integral. No podemos seguir ignorando que el dolor menstrual se normaliza a nivel social, retrasando muchas veces la búsqueda de atención médica necesaria".

Barreras y Desafíos: Hacia una "Justicia Menstrual"

Dentro de los resultados presentados en su investigación, identificaron barreras estructurales que limitan la autonomía de las mujeres, tales como condiciones laborales precarias e infraestructura sanitaria insuficiente en espacios públicos y de trabajo. Además, las investigadoras introdujeron el concepto de pobreza menstrual como un determinante social crítico que restringe la participación social debido a estigmas y falta de acceso a productos de gestión.

En sus palabras finales, las investigadoras hicieron un llamado a la acción:"La efectividad de las intervenciones de salud depende de la comprensión de este fenómeno. Es imperativo transitar hacia la autonomía corporal mediante la educación menstrual y la garantía de condiciones para una gestión digna".

Este proyecto no solo aporta evidencia científica para orientar políticas públicas con enfoque de género, sino que también establece una hoja de ruta para futuras investigaciones que incluyan voces de adolescentes y sectores con mayores desigualdades socioeconómicas en el Chile de 2026.

Finalmente, el estudio rescata la importancia de la intercorporeidad como un pilar del bienestar integral. Desde la perspectiva de Merleau-Ponty, el conocimiento científico es una "expresión segunda" que debe fundamentarse en el mundo vivido. Por tanto, la salud pública no puede limitarse a datos fisiológicos; debe reconocer que la experiencia menstrual es un fenómeno encarnado y situado, donde la reflexión nunca es total ni completa. Al validar la experiencia colectiva y el saber compartido entre mujeres, se transita hacia una autonomía corporal que reconoce la profundidad de la vivencia subjetiva frente a la mera observación clínica.